Espectro

«Creo que los fantasmas son parte del futuro»

Jacques Derrida

Proveniente de la palabra latina spectrum, que significa apariciónimagen. Desde la perspectiva de la física, el espectro es un rango en el que se distribuye la radiación en una magnitud dada, como la longitud de onda; es una suerte de zona de frecuencias, un rango dado en el campo electromagnético y suele mencionarse en torno a lo que puede ser percibido o no por la condición humana. Se habla por ejemplo del espectro de las ondas de radio y las microondas, hasta los rayos X y rayos gamma, en medio de los cuales se encuentra el rango de los colores visibles y aquello por debajo de la percepción ocular (infrarojos) o por encima de la misma (ultravioleta). En el sonido también sucede lo mismo: las ondas más graves que 20Hz se localizan como infrasónicas y las frecuencias altas por encima de 20.000Hz se ubican dentro del rango del ultrasonido.

La espectralidad tiene en este sentido una relación directa con la formación de objetos de la consciencia y la virtualidad, esto es, el ser potencial, visual, sonoro, alucinatorio o simplemente las cosas en tanto imágenes o rastros, siluetas aurales, formas temporales, recuerdos de lo muerto, presencias ausentes. De ahí que además de la visión naturalista, el espectro se ha concebido como sinónimo del fantasma y la aparición sobrenatural, idea que ha mutado en años recientes en la filosofía política, los estudios culturales/literarios y la crítica audiovisual de décadas recientes, donde se viene hablando del espectro sustantivado: un espectro, que vendría siendo un rango de cosas fantasmagóricas, una presencia vibratoria, una cosa variable, una agencia virtual, algo que está pero no. Según Mark Fisher, el espectro no es lo sobrenatural sino «aquello que actúa sin existir (físicamente)»,

El concepto de entidad espectral no asumida como sobrenatural sino como un factor de la narrativa cultural/social proviene de Derrida en sus reflexiones sobre el marxismo, donde desarrolla la idea de la hauntología como dimensión ontológica del espectro, entendido como aquello de otro momento que aparece en el presente, algo que está ahí pero se ha desprendido de lo que era originalmente. Esto se aplica tanto a las cosas del pasado que aún extintas siguen apareciendo, como a las cosas del futuro, que en sí mismas son embrujos, cosas inexistentes que aparecen para construir realidad, bien sea materializándose o permeando las ideas posteriores. De nuevo Fisher: “El futuro siempre se vive como un fantasma: como una virtualidad que ya incide en el presente, condicionando expectativas y motivando la producción cultural”.

Esta idea de la hauntología, a veces traducida como fantología, es la ontología embrujada de las presencias espectrales que abundan en la sociedad, el arte y la cultura. El espectro nos habla de presencias e ideas que fueron, quisieron ser o nunca fueron, pero permanecen deambulando la historia: los futuros extraviados, las ausencias presentes, las figuras residuales, los tiempos que se construyen a partir de lo que se desvanece pero continúa, de alguna forma, siendo pilar de lo presente. El espectro deambula entre la manifestación concreta y la aparición, como recuerda Fisher cuando trata la idea de lo fantástico en Todorov, cuya definición se basa en la oscilación de dos posibilidades epistemológicas de lo fantástico: «Si las fuerzas espectrales pueden explicarse psicológicamente o por medios naturalistas, entonces estamos ante lo ‘misterioso’. Si los espectros de lo sobrenatural no pueden exorcizarse, entonces estamos ante lo ‘maravilloso’».

En el trabajo de Timothy Morton, particularmente en “Ecología sin naturaleza: Repensando la estética ambiental”, el concepto de espectros y espectralidad adquiere una significación multifacética. Morton se adentra en la idea del “extraño extraño”, que se refiere a entidades o fenómenos radicalmente diferentes a la percepción y comprensión humanas. Los espectros, en el marco de Morton, se extienden más allá del espectro de luz visible; abarcan una amplia gama de entidades y fuerzas, incluidos sistemas ecológicos, artefactos culturales e incluso conceptos abstractos. La espectralidad, entonces, no se trata solo de la apariencia visual de las cosas, sino de su estatus ontológico como entidades elusivas e interconectadas. Sugiere un modo de existencia caracterizado por la interconexión, la incertidumbre y la difuminación de los límites entre el yo y el otro, lo humano y lo no humano.

De manera similar, en la exploración de Eric Sadin sobre la cultura digital y las tecnologías contemporáneas, especialmente en obras como “La Vida Espectral”, la noción de espectros y espectralidad adquiere nuevas dimensiones. Sadin examina cómo las tecnologías digitales han creado un reino espectral donde los límites entre lo virtual y lo real, lo humano y lo máquina, están cada vez más difuminados. En este contexto, los espectros se refieren no solo a la diversa gama de fenómenos digitales, sino también a la presencia espectral que impregna nuestra vida cotidiana a través de algoritmos, datos y experiencias virtuales. La espectralidad, entonces, se convierte en un aspecto fundamental de la existencia contemporánea, caracterizada por la influencia omnipresente de las tecnologías digitales y las huellas espectrales que dejan en nuestras percepciones, comportamientos e interacciones sociales.

Los espectros de la cultura vendrían siendo agenciamientos de lo virtual, cosas que aún extintas, se cuelan entre las que están presentes, aquello desaparecido que insiste en crear realidad; una suerte de artefacto, persona, lugar o idea que se da en presente pero está perdida en el tiempo, fantasmas reales, en tanto no son figuras meramente imaginarias o sobrenaturales pero tampoco están del todo ahí: son y están, pero su condición ontológica es una condición desplazada, proveniente de otro tiempo y espacio, como ecos cuya fuente en muchos casos se manifiesta remota, difícil de hallar o sin una definición concreta. Buscarla implicaría navegar en la espectralidad de las cosas, las ideas, los conceptos y las historias que forman la realidad, la cual podríamos pensar como una suerte de condición espectral en sí misma: En el antropoceno las cosas ya se han ido y aún así se presentan, el mundo ya se acabó pero seguimos viéndolo, como una estrella que parece brillante y firme en el espacio, pero es un cúmulo de materia probablemente ya esfumado, probablemente ya fuera de el ser supuesto que alguna vez tuvo. El cielo, como la realidad, es un incesante baile de fantasmas.

Para expandir el concepto: